Nuestro primer viaje en auto alquilado lo destinamos a recorrer el Sudeste de Alemania, por lo que llaman La Ruta Romántica Medieval (o Romantische Strasse).
Al salir esa mañana muy temprano hacia la estación, experimentamos un corte en la línea de tren (la única que pasa por Gilching y atraviesa el centro de Munich) Y aprendimos una valiosa lección: en el primer mundo también te dejan a pata... o casi.
Cuando suceden estos inconvenientes en las líneas, desperfectos o imprevistos, ponen colectivos que llevan hasta otra estación donde pasen otras líneas en ciudades cercanas. Así que después de pedir ayuda y entendiendo absolutamente nada de lo que nos intentaban explicar (sobre todo el nombre de las estaciones) seguimos a una amable estudiante que nos indicó que el colectivo al que ella subía era el que debíamos tomar y así pudimos llegar hasta la agencia de alquiler de auto y partir a la aventura en compañía de nuestro amigo E.T. que nos regalaron nuestros amigos antes de irnos.
La ruta es muy pintoresca, con zonas rurales y las montañas de fondo.
En el camino nos encontramos con otros viajeros que usan formas diferentes para desplazarse y disfrutar del paisaje.
Nuestro primer destino fue la ciudad de Schwangau y el Castillo de Neuschwanstein.
En este pequeño pueblo está además el castillo Hohenschwangau, que fue la residencia durante su infancia del Rey Luis II de Baviera (Ludwig para los amigos o el Rey loco para los enemigos).
Lo admiramos de lejos pero no lo visitamos.
Porque nuestro interés era conocer el castillo más famoso construido por Ludwig, el Neuschwanstein.
Se distingue desde los cuatro puntos por estar ubicado en la montaña. Y al verse rodeado de acantilado, bosque y cascadas, parece salido de un cuento de Hadas. El mismo Walt Disney al verlo en una visita por Alemania, lo utilizó de inspiración para los palacios de La Bella durmiente y de Cenicienta.
Para acceder hay un sendero bastante empinado que se puede realizar caminando y dura alrededor de unos 45 minutos o tomar un colectivo que hace la mitad del trayecto más pesado y luego hay una subida de 10 minutos o viajar en una carroza tirada por cuatro caballos que también llegan hasta antes de la ultima subida.
Nosotros optamos por el colectivo que nos dejó cerca del puente de Maria (Marienbrücke) desde donde se puede ver el castillo en todo su esplendor.
Además de gozar del resto del paisaje que es impresionante.
La historia cuenta que el Rey Ludwig, hijo de Maximiliano II de Baviera y María de Prussia, nunca tuvo verdadero interés en la política sino en las artes. La derrota contra Prussia en la guerra de las siete semanas, lo llevó a alejarse cada vez más de sus funciones y de su residencia obligada en Munich para gobernar.
Siendo desde joven muy amante de la poesía, la naturaleza, la música, sobre todo de Wagner (de quien fue su principal mecenas) y de la belleza en general, mandó a construir tres palacios: Linderhof, Neuschwanstein y Herrenchiemsee, para perpetuar su legado en estas maravillosas obras.
Para la construcción del castillo, Ludwig utilizó sólo materiales y mano de obra proveniente de Bavaria, dando desarrollo a la industria artesanal. El león característico, símbolo Bávaro, impone su presencia desde lo alto.
Si bien su inteligencia administrativa no permitió que las arcas reales sufrieran por el despilfarro, muchos de sus enemigos (familiares sobre todo que no estaban contentos con su gestión y querían tomar su lugar) aprovecharon la extravagancia de los proyectos, reflejo de su forma de vida exuberante, sumada a la melancólica personalidad que lo envolvía y lo mantenía en constante compañía de poetas y artistas, para declararlo insano y por dictamen médico, incapacitado para gobernar.

Todo lo que se admira desde afuera en su arquitectura falsa medieval y lo que se cree percibir de lo que serán sus interiores, no logra acercarse ni un ápice a lo que la imaginación del "Rey Loco" concibió.
Las obras se iniciaron en 1869 y duraron 20 años en llevarse a cabo, incluso se trabajaba durante la noche a la luz de candiles.
El interior fue encargado a un escenógrafo teatral para que representara las óperas de Wagner. Los salones tienen magníficas decoraciones y detalles que los ojos no llegan a abarcar. Cada uno logra una atmósfera diferente, desde cielos estrellados con columnas que se asemejan a palmeras de oro con ostentosos ananás, una araña gigante en forma de corona real en el salón del trono, un jardín de invierno como salón de lectura que simula sol primaveral en sus ventanas todo el año y hasta una gruta con iluminación de colores y niebla eterna.
También sorprende lo moderno de las instalaciones para la época, ya que tenían agua corriente, calefacción, montacargas y timbres para llamar al servicio.
Pero su castillo más fantasioso fue el que menos pudo disfrutar. Durante 1886 el rey dormía en sus aposentos cuando fue arrestado por su supuesta incapacidad mental.
Al poco tiempo fue mudado a Munich donde estando bajo tratamiento, murió ahogado en un lago junto a su médico con quien había salido a caminar.
Su muerte siempre fue un misterio, ya que se lo conocía como un buen nadador y se sospecha de suicidio o asesinato.
Cuando murió todavía no se había terminado su construcción. De hecho nunca llegó a terminarse completamente como lo exigía el monarca.
Durante la segunda guerra mundial los nazis lo usaron de refugio para ocultar las obras de arte y el oro requisados a los judíos. Tenían la orden de destruirlo en caso de derrota para ocultar las pruebas, pero la codicia pudo más y gracias a eso el palacio sobrevivió.

Al irnos, fuimos testigos del romanticismo del paisaje en su totalidad, incluso siendo escenario de fotos de una pareja de recién casados.
Con el sol bañándolo de luz dorada, nos despedimos de esta bella obra de arte y seguimos nuestro camino.
La ruta nos convidó de los tonos del otoño en el paisaje hasta llegar a nuestro hotel.
A la mañana siguiente volvimos a la ruta para visitar las ciudades medievales.
Nuestro primer destino fue Dinkelsbühl.

Esta pequeña ciudad fue fortificada durante el Sacro Imperio Romano Germánico por Enrique V y todavía conserva las murallas, torres y algunos edificio de esa época.

Sus casas parecen salidas de cuentos, coloridas y pintorescas.
Fue una de las pocas ciudades con gobierno mixto (Católico y Protestante) iniciado en el siglo XVI con La Reforma Protestante que duró hasta 1802.

La Iglesia de San Jorge construida en el siglo XV es una muestra del estilo gótico tardío.
Mantiene edificios con historia que incluso ahora se siguen utilizando para lo que fueron construidos.
La muralla da un sentido de protección y conservación que hace que toda la ciudad pareciera detenida en el tiempo.
Las calles de piedra con sus desniveles, los pasadizos y las escaleras, hacen que sea divertido el recorrido y las cosas por descubrir.
El río Wörnizt rodea la ciudad haciéndola más idílica.
Incluso encontramos la torre de Rapunzel con su larga trenza en la ventana.
Traducción del cartel en alemán que encontramos grabado en una placa:
"Llegué al lugar
de mi nacimiento, y pregunté:
los amigos de mi juventud,
¿dónde se encuentran? - y un eco respondió
¿Dónde se encuentran?"
A primera vista cuesta creer que la gente viva su vida moderna en este lugar, pero su encanto es tan grande que al terminar de recorrerla no quedan dudas de que sería un gran privilegio poder hacerlo.
Pronto la parte II del viaje...








































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